17 febrero 2009

La autonomía humana en el Talmud

Tomado de 'Y seréis como dioses', de Erich Fromm.
El texto del Talmud - Baba Metzia 59b - en Inglés que relata este episodio de discusión, podéis leerlo en una entrada previa de este blog
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¿Pero el concepto de libertad del hombre está llevado a sus consecuencias últimas de libertad respecto de Dios? En general, incuestionablemente no sucede así. Dios, en la literatura rabínica, es concebido como el supremo soberano y legislador. Es el rey que está por encima de los reyes, y aquellas leyes para las cuales la razón no puede encontrar explicación, tienen que cumplirse por el único motivo de que Dios las ha dictado. Y sin embargo, aunque esto es cierto en general, hay aserciones en la ley talmúdica y en la literatura judía posterior, que muestran una tendencia que habría de hacer al hombre completamente autónomo, aún hasta el punto de liberarse de Dios o, por lo menos, de tratar con Dios en términos de igualdad. Una manifestación de la idea de la autonomía del hombre ha de encontrarse en la siguiente historia talmúdica:

En aquel día [durante una discusión acerca de la pureza ritual] el Rabí Eliezer esgrimió todos los argumentos imaginables, pero no los aceptaron. Él les dijo: "Si la halajá está de "acuerdo conmigo, que lo demuestre este alga"rrobo". Dicho esto, el algarrobo fue arrancado a una distancia de cien codos de su lugar (según otros, de cuatrocientos codos). "No se puede "sacar ninguna prueba de un algarrobo", replicaron. Nuevamente les dijo: "Si la halajá está de "acuerdo conmigo, que lo demuestre el torrente". Dicho esto, el torrente fluyó hacia atrás. "No se puede sacar ninguna prueba de "una corriente de agua", le replicaron. El volvió a argüir: "Si la halajá está de acuerdo conmigo, "que lo prueben las paredes de la escuela". Dicho esto las paredes se inclinaron como para caerse. Pero el Rabí Ioshua las reprendió, diciendo:

"Cuando los sabios están empeñados en "una disputa sobre la halajá, ¿por qué "interferís?" Por esa razón no cayeron, en honor del Rabí Ioshua, ni tampoco retomaron la posición vertical, en honor del Rabí Eliezer. Y todavía permanecen así, de pie, pero inclinadas. Nuevamente el Rabí Eliezer les dijo: "Si la "halajá está de acuerdo conmigo, que lo pruebe "el cielo". Dicho esto, se escuchó una voz celestial que gritaba: "¿Por qué disputáis con el "Rabí Eliezer, viendo que en todos los puntos la "halajá está de acuerdo con él?" Pero el Rabí Ioshua se levantó y exclamó: "¡No es en el cielo!" ¿Qué quiso decir con esto? El Rabí Jeremías dijo: "Como la Torá ya ha sido dada en el Monte "Sinaí, no prestamos atención a una voz "celestial, porque tú escribiste hace mucho en "la Torá, en el Monte Sinaí, que hay que "inclinarse ante la mayoría"17. El Rabí Natán se encontró con Elías y le preguntó: "¿Qué fue lo "que el Único Santo, bendito sea, hizo en aquel "momento?" Él se rió [con alegría], replicó: "Mis "hijos me han vencido, mis hijos me han "vencido". (Babá Metziá 59 B.)La sonrisa de Dios cuando dice: "mis hijos me han vencido", es un comentario paradójico. El mero hecho de que el hombre se haya vuelto independiente y no necesite ya a Dios, el hecho de haber sido derrotado por el hombre, es precisamente lo que agrada a Dios. Con el mismo sentido dice el Talmud: "La naturaleza del "hombre mortal es tal que cuando ha sido con"quistado es desdichado, pero cuando el Unico "Santo es conquistado, se regocija" (Pesabim 119a). En verdad, ha quedado muy lejos aquel Dios que expulsó a Adán y Eva del paraíso porque temía que se convirtieran en dioses.

17 El Rabí Eliezer fue posteriormente excomulgado por no aceptar las decisiones legales de la mayoría (no por un error en la fe). Rabí Akiba demostró en esa ocasión una actitud profundamente humana, una ausencia de todo fanatismo. Cuando los rabíes preguntan quién debe ir a informar al Rabí Eliezer, "iré yo", respondió Rabí Akiba, "para que no lo haga alguna persona no indicada y de ese modo destruya el mundo entero" [es decir, cometa un grave error informándolo sin tacto y brutalmente].
¿Qué hizo Rabí Akiba? Se puso vestiduras negras y se embozó de negro [como señal de
luto que una persona excomulgada debía guardar.] "Akiba", le dijo Rabi Eliezer, "¿qué es lo que ha sucedido hoy?" "Maestro", replicó, "me parece que tus compañeros se han apartado de ti". Al oír esto, él [Rabí Akiba] también rasgó sus vestiduras, descendió [de su asiento] y se sentó sobre la tierra, mientras que las lágrimas brotaban en torrente de sus ojos (Babá Metziá 59b).

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