29 julio 2010

Carta de Najmánides a su hijo

«Escucha, hijo mío, la instrucción de tu padre y no desprecies la enseñanza de tu madre (Prov 1,8).

»Acostúmbrate siempre a expresar todas tus palabras pausadamente, a cualquier hombre y en todo momento. Así te apartarás de la ira, que es una cualidad mala que hacer pecar a los hombres. Como dijeron nuestros maestros, de bendita memoria: A todo iracundo todas las penas del infierno se le impondrán (Nedarim 22a); como está dicho: Aparta la ira de tu corazón y aleja el mal de tu cuerpo. (Ecl. 11,10). Se interpreta que ‘el mal’ es el infierno, como está dicho: E incluso al malvado en el día de la desgracia. (Prov 16,4).

»Cuando te apartes de la ira, recuerda la cualidad de la humildad. Ella es la mejor cualidad de todas las buenas cualidades, como está dicho: Fruto de la humildad es el temor de Adonai. (Prov 22,4) (Avoda Zarah 20b).

»A través de la humildad, recuerda la cualidad del temor, pues te hace reflexionar constantemente: de dónde vienes y hacia dónde vas. Pues tú ‘elevarás hasta tu corazón’ eres un gusano y una lombriz en tu vida y en tu muerte. Y ¿ante quién serás juzgado y darás cuenta? Ante el Rey Todopoderoso (Pirke Avot 3,1).

Como está dicho: He aquí que los cielos, y los cielos de los cielos no te pueden contener (II Cr 6,18), menos aun el corazón de los hijos de los hombres (Prov 15,11). Está dicho: ¿Por ventura los cielos y la tierra no lleno Yo, oráculo de Adonai. (Je 23,24).

»Cuando pienses en todo esto temerás a tu Creador, te guardarás del pecado y con esas cualidades vivirás feliz con lo que tienes. Cuando te afiances en la cualidad de la humildad, hasta sentirte inferior a cualquier persona y te atemorices de Él y del pecado; entonces reinará sobre ti el espíritu de la Presencia Divina y el brillo de su Gloria en la vida del Mundo Futuro.

»Y ahora hijo mío, ten presente, que el que se enorgullece de sí mismo, por encima de la humanidad, es soberbio en el Reino de los Cielos, porque se jacta con el ropaje del reino de los Cielos. Como está dicho: Adonai reinó, orgullo vistió (Sal 93,1).

»¿Pero con qué puede enorgullecerse el hombre? Si con la riqueza: Adonai empobrece y enriquece (I Sam 2,7). Si con el honor ¿acaso no procede de D-s? Como está dicho: La riqueza y el honor de Ti proceden (I Crónica 29,12). ¿Cómo se habrá de cubrir con un honor del Hacedor? Si se cubre con inteligencia: Quita el habla a los más expertos, el discernimiento de los ancianos arrebata (Job 12,20).

Encontramos que todos son idénticos ante D-s, porque con su cólera abate a los erguidos y con su voluntad levanta a los caídos. Por eso debes caer por ti mismo y te levantará D-s.

»Por lo tanto te explicaré cómo has de comportarte en la cualidad de la humildad, para marchar en ella siempre: Todas tus palabras serán reposadas, que tu cabeza esté gacha y tus ojos miren hacia abajo, hacia la tierra, pero tu corazón hacia arriba. No mires a la cara de nadie cuando te hable. Que cualquier hombre sea más grande que tú a tus ojos. Si es inteligente o si es rico, hónralo. Si él es pobre y tú rico, o más sabio que él, considera que tú eres deudor suyo y él acreedor tuyo, pues si él peca es pecador involuntario y tú lo eres voluntario.

»En todas tus palabras, tus actos, tus pensamientos y en todo momento, considera que estás frente al Santo, bendito sea, y que su Presencia Divina está sobre ti, porque su Gloria llena todo el universo.

Tus palabras serán dichas con temor y pavor, como un esclavo ante su amo.

»Te sentirás inferior a cualquier persona. Si te llamara alguien, no respondas en voz alta, más bien con suavidad, como el que está ante su maestro.

»Siempre has de estar presto a leer la Torá, para que puedas cumplirla. Cuanto aprendas del Libro, investiga en los que has aprendido a fin de si hay en él una palabra que la puedas cumplir. Controla tus actos, en la mañana y en la tarde: Así toda tu vida será arrepentimiento.

»Apartarás todo asunto mundano de tu corazón en el momento de la oración. Así ha de estar tu corazón ante el Lugar, bendito sea. Purifica tu pensamiento y medita cada palabra antes de que salga de tu boca.

»Así harás durante todos los días de tu efímera vida, con cada una de toda palabra, y no pecarás. Con ello tus palabras, tus actos y tus pensamientos serán rectos.

Tu Oración será pura, selecta, limpia y precisa, y será aceptada ante el Señor, bendito sea, como está dicho: Aprestarás sus corazones y atenderás tus oídos. (Sal 10,17).

»Lee esta carta una vez a la semana y no dejes de cumplirla, para preservarla y marchar con ella siempre tras el Nombre, te bendecirá, a fin de que tengas éxito en todos tus caminos y seas recordado en el Mundo Futuro reservado a los justos. Y cada día que la leas se te responderá desde los Cielos a cuanto ansíe tu corazón pedir, eternamente. Amén. Selah.»

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Najmánides, 1267

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