12 enero 2011

Declaración programática del Movimiento Reformista de 1885

A continuación presentamos la traducción de uno de los documentos fundacionales del Movimiento Reformista de EE.UU. 


Muchos años han pasado desde entonces y parte de ese espíritu ha sido postergado paulatinamente por el movimiento Reformistas en las sucesivas declaraciones oficiales que siguieron a ésta, invadiendo innecesariamente el legítimo e indispensable espacio que ocupa el Judaísmo Conservador. 


Sin embargo, como tendremos oportunidad de comprobar en próximas entradas, y gracias a la reivindicación que hace de ese espíritu del Reformismo Clásico The Society for Classical Reform Judaism, parece revivir el esfuerzo de los Rabinos que firmaron el documento por recrear un Judaísmo universal, racionalista, ilustrado y progresista.


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Plataforma de Pittsburgh

Convocados por el llamado de Kaufmann Kohler de Nueva York, rabinos reformistas de todos los Estados Unidos nos hemos dado cita desde el 16 hasta el 19 noviembre 1885, bajo la presidencia de Isaac Maier Wise. El encuentro se consideró la continuación de la conferencia de Filadelfia de 1869, que a su vez era continuación de la conferencia alemana de 1844-1846. Los rabinos adoptamos el siguiente texto seminal:

Uno. Reconocemos en cada religión un intento de aprehender lo infinito, y, en cada modo, fuente o libro de revelación considerado sagrado por cualquier sistema religioso, la toma de conciencia de la presencia de Dios en el interior del ser humano. Entendemos que el Judaísmo presenta la concepción más elevada de la idea de Dios tal como se enseñó en nuestras Sagradas Escrituras y se desarrolló por los maestros judíos, en sintonía con el progreso moral y filosófico de sus respectivas épocas. Sostenemos que el Judaísmo preservó y defendió en medio de desafíos continuos y de continuas pruebas, y en un aislamiento forzado, esta idea de Dios como la verdad religiosa central de la humanidad.

Dos. Entendemos que en la Biblia se encuentra el registro de la consagración del pueblo judío para su misión de sacerdocio del Dios uno, y la valoramos como el instrumento más poderoso de instrucción moral y religiosa. Mantenemos que los modernos descubrimientos  de las investigaciones científicas en el dominio de la naturaleza y de la historia no son contradictorios con las doctrinas del Judaísmo, puesto que la Biblia refleja las ideas primitivas de su propia época, y a veces reviste su concepción de la providencia y la justicia divinas en relación al hombre con los ropajes de narrativas milagrosas.

Tres. Reconocemos en la legislación mosaica un sistema de preparación del pueblo judío para su misión durante su vida nacional en Palestina y, por lo tanto, ahora aceptamos como obligatorias sólo las leyes morales y mantenemos solamente aquellas ceremonias que elevan y santifican nuestras vidas, al tiempo que rechazamos aquellas que no están adaptadas a las circunstancias y los hábitos de la civilización moderna.

Cuatro. Mantenemos que todas aquellas leyes Mosaicas y Rabínicas tales como la regulación de la dieta, la pureza sacerdotal y el vestido, que surgieron en otras épocas y bajo la influencia de ideas totalmente ajenas a nuestra mentalidad actual y al espíritu del presente, no aciertan hoy a crear en el judío moderno un espíritu de santidad sacerdotal; su observancia en nuestros días posiblemente obstruya más que facilite la elevación espiritual.

Cinco. Reconocemos que la moderna era  de cultura universal en sus aspectos morales e intelectuales se aproxima a la realización de la gran esperanza mesiánica 
de Israel del establecimiento del reino de la verdad y la paz para todos los seres humanos. No nos consideramos nunca más ya una nación, sino una comunidad religiosa y, por lo tanto, no esperamos ni regresar a Palestina, ni la vuelta al culto sacrificial de los hijos de Aarón, ni la restauración de ninguna de las leyes relativas al estado judío.

Seis.Reconocemos en el Judaísmo una religión progresista que intenta siempre mantenerse de acuerdo con los postulados de la razón. Estamos convencidos de la necesidad absoluta de preservar nuestra identidad histórica de nuestro gran pasado. Apreciamos la misión providencial del Cristianismo y del Islam, religiones surgidas del Judaísmo, de ayudar a expandir el conocimiento de la verdad y de la moral monoteístas. Entendemos y reconocemos que el humanismo de la época es nuestro aliado en el cumplimiento de nuestra misión y tendemos nuestra mano fraternal a todos aquellos que cooperen con nosotros en el establecimiento del reino de la verdad y la rectitud entre los hombres.

Siete. Reafirmamos la doctrina del Judaísmo de que el espíritu es inmortal, basando la creencia en la naturaleza divina del alma humana, que siempre encuentra felicidad en la rectitud y sufrimiento en la maldad. Rechazamos como ideas que no tiene una raíz judía la creencia en la resurrección del cuerpo y la del infierno y el paraíso como moradas de castigo permanente o de permanente recompensa.

Ocho. De acuerdo con el espíritu de la ley Mosaica que  se esfuerza por regular las relaciones entre ricos y pobres, entendemos que es nuestra obligación participar en la gran tarea de los tiempos modernos de solucionar, en base a la justicia y la rectitud, los problemas surgidos como consecuencia de los contrastes y los males de la organización social actual. 

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