02 octubre 2014

Iom Kipur


“O hasta que [el pecador] se arrepienta tan sinceramente que sus pecados premeditados se vuelvan verdaderos méritos. Esto es [logrado mediante] el "arrepentimiento por amor [a Di-s]" proveniente de las profundidades del corazón, con gran amor y fervor, y de un alma que apasionadamente desea unirse al Di-s bendito, y sedienta de Di-s como un suelo reseco y árido [tiene sed de agua]. Porque, dado que hasta ahora, [antes de arrepentirse,] su alma había estado en un desierto árido y a la sombra de la muerte —que es la sitrá ajará— y muy alejada de la luz del Divino Semblante, en la máxima medida posible, en consecuencia su alma está [ahora, al "arrepentirse por amor",] todavía más sedienta que las almas de los justos [que jamás pecaron]. Tal como dijeran nuestros Sabios: "Donde están los penitentes [no pueden pararse los perfectamente justos]". [Sólo] en lo que se refiere al arrepentimiento surgido de tan inmenso amor se ha dicho que los pecados premeditados [del penitente] se transforman, para él, en virtudes, ya que a través de ellos ha llegado a este gran amor.”
Tania, cap. 7. Rabí Shneur Zalman de Liadí
 
“Porque el hombre fue creado así desde su nacimiento, de modo que cada persona pueda, con el poder de la voluntad de su cerebro, contenerse y dominar el impulso de los deseos de su corazón, evitando que los deseos de su corazón encuentren expresión en la acción, la palabra y el pensamiento, y [puede, si su mente lo quiere], desviar su atención completamente de lo que su corazón ansía [y dirigir su atención] en dirección exactamente opuesta, principalmente en dirección a la santidad.[…]
 Análogamente, [no permitirá que sentimientos malos encuentren expresión en el pensamiento, la palabra y la acción] en cuestiones " entre el hombre y su prójimo". Apenas se eleve de su corazón a su mente cualquier animosidad u odio, Di-s libre, o envidia, ira o resentimiento y similares, no los aceptará en absoluto en su mente y voluntad. Por el contrario, su mente predominará y dominará los sentimientos de su corazón, para hacer exactamente lo opuesto [a lo que el corazón desea], o sea, comportarse hacia su prójimo con bondad y exhibir hacia su prójimo un amor desproporcionado, soportando de él hasta el máximo extremo, sin enojarse, Di-s libre, ni tampoco retribuirle en la medida de su actitud, Di-s libre, sino, por el contrario, pagar a los ofensores con favores, como está escrito en el Zohar que debemos aprender de [el ejemplo de] la conducta de Iosef con sus hermanos.”
Tania, cap. 12. Rabí Shneur Zalman de Liadí

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